¿Podrías recordar la sensación que experimentaste al aprender a andar en bici? ¿O cuando aprendiste a leer? ¿Cómo te sentiste?

Seguramente sentiste esa dulce sensación que nos genera el aprender, pues como decía Víctor Hugo “estar emocionado es aprender…”

Quizá cuando somos más pequeños está sensación sea más explícita, cada día está lleno de aprendizajes nuevos, y puedes gritar a tu mamá ¡Mira mamá aprendí a bajar los escalones sin tu ayuda! Compartimos con nuestra principal figura de apego, nuestra emoción por cada nuevo descubrimiento. Triangulamos la realidad con el otro, y este se vuelve un acompañante en nuestras exploraciones, cuando le expresamos con espontaneidad nuestra alegría.

¿Pero qué pasa cuando somos adultos? ¿Podemos seguir aprendiendo? ¿Cómo sabemos que estamos aprendiendo?

Podemos tomar consciencia de que aprendemos cuando realizamos un proceso de metacognición. “La metacognición, según los autores más entendidos, hace referencia a la acción y efecto de razonar sobre el propio razonamiento o, dicho de otro modo, de desarrollar conciencia y control sobre los procesos de pensamiento y aprendizaje. Todo esto implica que la persona sea capaz de entender la manera en que piensa y aprende y, de esta manera, aplicar ese conocimiento sobre estos procesos para obtener mejores resultados” [1]

A partir de la lectura de la definición anterior, podríamos pensar que es algo muy complicado notar que estamos aprendiendo, pero no es así.

Aprender a aprender es una habilidad que se desarrolla, pues no estamos acostumbrados a reflexionar sobre cómo aprendemos.

Y una estrategia para comenzar a desarrollarla es incorporar a nuestros procesos cotidianos cuatro sencillas preguntas.

  1. ¿Qué aprendí?
  2. ¿Qué tuve que hacer para lograr aprender esto que aprendí?
  3. ¿Para qué me sirvió?
  4. ¿Cómo lo puedo aplicar en las distintas áreas de mi vida?

Este breve análisis nos da luz para darnos cuenta de nuestros propios procesos de aprendizaje.

En la medida en que realmente nos cuestionemos, con el objetivo de verbalizar paso por paso, momento a momento qué tuve que hacer para realizar cualquier proceso o acción, lograremos integrar a nuestro ser, prácticas y hábitos que nos facilitarán ser más conscientes del cómo y los para qué.

Y cuando ya lo hayamos adquirido como una práctica personal, entonces también podremos ayudar a otros a aprender a aprender.

Alguna vez te has preguntado ¿Cómo se sientes cuando ayudas a alguien a aprender a aprender?

Cuéntanos cómo te va integrando procesos de metacognición a tu vida cotidiana.

[1] http://www.significados.com/metacognicion/