Tal vez dentro de quince años las personas, con la intención o aspiración de ser felices, ejercitarán su cerebro como ahora ejercitan su cuerpo para ser fuertes, vigorosos y tener buena apariencia física.

“Haremos ejercicios mentales como higiene personal y autocuidado del cerebro; incluso esto puede ser un hábito simple, sencillo”, ha explicado el neurocientífico Richard J. Davidson (Nueva York, 1951).

Durante al menos diez años, el doctor Davidson ha investigado las cualidades saludables de la mente. Sus investigaciones han demostrado que la atención plena, la generosidad o la actitud positiva son reguladas por circuitos centrales del cerebro, los cuales, según este neurocientífico, son plásticos o moldeables: “pueden cambiar a través de las circunstancias y del entrenamiento”.

Y, entonces, ¿cuáles entrenamientos se sugieren para que nuestra mente sea saludable o positiva? El doctor Davidson y su equipo, en un centro de investigación ubicado en la Universidad de Wisconsin-Madison, están desarrollando ejercicios, sobre todo basados en la práctica de la meditación o de la contemplación, para tener un cerebro y un sistema nervioso positivos; para desarrollar el músculo feliz del cerebro; ya que cualidades positivas como la amabilidad, la compasión, la capacidad de perdonar, la atención plena, el entusiasmo o el cariño nos vuelven más felices.

De hecho, Davidson es uno de los científicos fundadores de la Neurociencia Contemplativa, que surge a partir de sus encuentros con el Dalai Lama. Así, ha descubierto la manera en que la meditación se correlaciona con cambios estructurales y funcionales en el cerebro de monjes con elevados niveles de bienestar y felicidad. Pero una cosa es vivir aislado en un templo, y la otra es la gente en las sociedades modernas que lucha un día tras otro para encontrar la felicidad; lo que es posible gracias a herramientas enfocadas al hombre contemporáneo como las que ha ido desarrollando Davidson.

Entrenar a nuestro cerebro debería de ser un hábito cotidiano, como lavarnos los dientes. Debemos de realizar ejercicios mentales, tales como cambiar la negativa narración que hacemos de nosotros mismos (la manera en que nos vemos) a una positiva, o ser conscientes y atentos de tener una actitud generosa y amable ante quienes nos rodean o nos encontremos en el camino, en la tienda, en el metro o en la oficina.

La búsqueda de la felicidad no es algo nuevo; quizás existe desde que el hombre es consciente de sí mismo y de sus actos. Incluso, hoy día es una palabra trillada, no obstante, sigue siendo significativa y anhelada. Por ejemplo, en 1930, el filósofo inglés Bertrand Russell (1872-1970) publicó su libro La conquista de la felicidad, en el cual, en efecto, afirma que el ser humano se debe de mostrar activo (o ejercitarse) en la eliminación de los obstáculos a la felicidad, comenzando por eliminar esas pasiones egocéntricas que son la envidia, el miedo o la culpa, entre otros, y reforzando las que impulsan hacia fuera de sí mismo, que invitan a sentirse parte de la corriente de la vida: “Cuantas más cosas interesen a alguien […] y sus reacciones a las cosas y personas que le interesan sean amistosas, más oportunidades de felicidad tendrá”, afirma Russell, y concluye que la persona feliz es la que se siente ciudadano del universo “y goza libremente del espectáculo que le ofrece y de las alegrías que le brinda”.

Al igual que el doctor Davidson, Russell propone, si deseamos ser felices, a pensar o ejercitar de modo adecuado, no dejar completamente de pensar o ser conscientes de eso; hay que actuar correcta, inventiva y desinteresadamente; en otras palabras, no dejar de ejercitar de manera positiva el músculo del cerebro.