En esta entrevista Richard Davidson, experto en neurociencia, comparte con nosotros algunos de sus principales descubrimientos sobre la fisiología de la mente sana y la expresión del bienestar.

Resulta relevante saber que de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la salud no es sólo la ausencia de enfermedad, también incluye factores psicológicos como el bienestar y componentes espirituales, por ello es importante enfocarnos a la salud y la mente saludable, no desde el punto de vista de la enfermedad.

Existen cuatro factores científicamente comprobados que inciden en nuestro bienestar:

1: La resiliencia, definida como la velocidad de recuperación ante la adversidad. Algunas personas se recuperan muy lento, así que, si encuentran un reto emocional en su vida se salen de balance por un tiempo bastante largo y les toma mucho tiempo regresar a él. Hay otro tipo de personas que reaccionan en el momento y regresan rápidamente a su balance. Esta diferencia se puede medir en circuitos cerebrales específicos que predicen diversos aspectos del bienestar.

2.- Visión positiva, que se refiere a la extensión con la que ves el mundo de manera positiva y optimista. Algunas pueden ver en otros, las semillas del bienestar, encontrar bondad y compasión dentro de ellos.

3.- Atención. Normalmente no pensamos en la atención como un factor del bienestar pero, parafraseando un estudio reciente, una mente que divaga es una mente infeliz. Existen evidencias que sugieren que las personas que tienen un estilo de atención más distraído y se dispersan por una u otra cosa, sin poder enfocar su atención, reportan ser menos felices y muestran niveles más bajos de bienestar.

4.-Generosidad. Hay un cantidad creciente de evidencia neurocientífica que muestra que la forma más fácil de activar estos circuitos en el cerebro es a través de actos de generosidad, siendo bondadoso con los demás, cuidando al otro y esto es doblemente benéfico, porque beneficia a la otra persona y nos trae bienestar a nosotros mismos.

En ese sentido, Davidson, enfatiza que como educadores debemos poner nuestra atención en dos componentes realmente benéficos y que deberían ser meta de nuestros currículos: uno de ellos es la atención porque constituye los ladrillos con los que se construye el aprendizaje. Si un niño o adulto no está poniendo atención a lo que pasa en su entorno, va a interferir con su capacidad de aprender.

Y el otro es la generosidad o el cuidado pues aunque nacemos con una predisposición para expresarlo necesitamos el entorno adecuado para nutrirlo.

Sobre las estrategias que contribuyen al desarrollo de una mente sana, se sabe que el arte provee una forma de expresión no lingüística, que permite que podamos representar lo que sucede en nuestro cuerpo y nuestra mente, facilitando la toma de consciencia de nuestras emociones, lo cual es básico para adquirir hábitos saludables.

Al respecto, no sólo es relevante contactar con nuestro mundo interno, sino encuadrar, la forma en que interpretamos nuestras experiencias internas, las emociones o situaciones que vivimos cotidianamente, ya que la narrativa que creamos alrededor de esta experiencia afecta realmente a nuestro cerebro; es decir, al resignificar la historia podemos cambiar nuestro cerebro y, por ende, nuestra vida.

Existen investigaciones neurocientíficas sobre lo que los neurocientíficos llaman reapreciación, entonces, si cambiamos nuestra interpretación de la narrativa o de lo que está entrando en nosotros, de algún evento que está ocurriendo y somos capaces de reinterpretarlo, de reapreciarlo, nuestro cerebro puede cambiar muy, muy rápido. Si lo repetimos a través del tiempo y practicamos nuevamente este reencuadre, podremos cambiar la narrativa de manera más permanente y esto cambia al cerebro de tal manera, que se producen cambios duraderos. En el fondo, estamos hablando del poder que subyace en la transformación de nuestros hábitos mentales y emocionales, y del autocuidado de la mente y de nuestro cerebro.

La gran noticia es que podemos moldear nuestros cerebros de manera más intencional adquiriendo hábitos de una mente sana. ¿Cuánto necesitamos practicar? Si lo hacemos regularmente durante un tiempo, es suficiente para lograr un cambio medible. Para finalizar, Richard nos invita a “cambiar la cultura alrededor de la mente y transmitir la idea de que el bienestar y las cualidades positivas de la mente se pueden aprender y ser cultivadas”. Ahora que lo sabemos, requerimos actuar sobre esto, tenemos la obligación moral de tomarlo en serio y de hacer todo lo posible por desarrollar estas cualidades en cada esfera de nuestra sociedad. ¿Cómo? ¡Juntos!

Disfruta la entrevista completa en el siguiente video.