Una noche, Dana, estudiante de primero de preparatoria en un colegio con un currículo más “científico” que “artístico”, hacía su tarea de Inglés. Resolvía un cuestionario sobre la lectura de una novela, en el cual se le solicitaba que pusiera por escrito la personalidad específica de cada uno los personajes de esa historia que había leído. Dana, que había cursado la primaria y la secundaria en escuelas cuyos currículos se enfocaban más a las artes que a las ciencias, no sé aguantó las ganas, y, además de tratar de dar contestaciones escritas y correctas al cuestionario, dibujó en los márgenes y espacios en blanco de la hoja de papel, con lápiz y a detalle, algunos de los personajes de aquella novela; lo que sorprendió a su maestra de Inglés, quien, por supuesto, no se esperaba otros tipos de respuestas más que los que ella había pedido.

Así, Dana, quizá gracias a que tenía una “mente artística”, y a que había aprendido a dibujar y a pintar en sus escuelas anteriores, no se conformaba con una sola respuesta, sino que veía más allá de las únicas contestaciones correctas para su escuela. Ella tuvo necesidad de una mayor expresión en su tarea. No le era suficiente expresarlo con palabras escritas.

En un video que circula por internet, Elliot Eisner (1933-2014), quien fue profesor emérito de Arte y Educación en la Stanford Graduate School of Education, menciona que “en las artes no hay sólo una respuesta correcta, sino que hay muchas respuestas posibles”.

Si los niños y los jóvenes tienen la posibilidad de cursar asignaturas artísticas en las escuelas, podrán pensar individual y personalmente, y resolver problemas de diferentes maneras. Para poder pintar, bailar, escribir un poema, tocar la flauta o componer una pieza musical es necesario aprender diferentes y variadas cualidades que trabajen juntas de forma armoniosa.

 La educación artística, explica también Eisner, hace posible que los niños y los adolescentes pongan su huella digital en sus trabajos, lo que es muy importante, porque la mayoría de los grandes problemas en la vida no tienen una simple solución: tienen consideraciones múltiples. Un problema aritmético se resuelve por una serie de reglas establecidas que permiten llegar a un resultado o solución. Pero, ¿cómo sabemos cuándo terminamos o está terminada una pintura o un poema? Esto quizá lo podrá saber el alumno al educar o despertar su sensibilidad. Y esta sensibilidad también le podrá ayudar a resolver situaciones complejas de un modo armonioso.

 “Más que ser mecánicos”, puntualiza Eisner, “más que ser rígidos, más que ser una fórmula, las artes ofrecen a los niños oportunidades de pensar nuevas maneras, así como de ponerse nuevas metas dentro de los procesos”.

 Las enseñanza de las artes en las escuelas ofrecen la habilidad de poner atención a los matices, a los detalles, que hacen expresiva una forma (una interpretación musical, un cuento, una danza, una casa). Al crear una forma que genera sentimientos, el artista comunica una cierta actitud hacia algo. Su forma expresa contenido. Pensar artísticamente es hacerlo con mayor expresión y apreciación, cultivar la manera de trascender límites. Innovar.

 La mejor educación es la que siempre busca que los alumnos sean pensadores activos y se les invite a usar su imaginación para hacer tareas que muestren originalidad y esfuerzo, y no sólo una recapitulación de hechos. ¿Qué mejor que el arte para apoyar a lograr esta educación?

 “Después de todo, la función de la educación es formar un individuo íntegro que sea capaz de afrontar la vida”, dijo el pensador filosófico y espiritual hindú J. Krishnamurti.