“No vemos las cosas tal como son, sino tal como somos”

El Talmud

Usamos nuestra inteligencia interpersonal para diferenciar a las personas, entender sus motivaciones y colaborar con ellas de manera eficaz.

Su complementaria, la llamada inteligencia intrapersonal, se dirige hacia el interior. La persona dotada de inteligencia intrapersonal se conoce bastante bien a sí misma; puede identificar sus propios sentimientos, objetivos, miedos, virtudes y defectos; y en las circunstancias más afortunadas, puede usar este conocimiento para tomar con buen criterio decisiones importantes.

Howard Gardner apunta que entre las distintas facetas de la inteligencia interpersonal se encuentran la sensibilidad al temperamento o a la personalidad, la capacidad de prever las reacciones de los demás, las aptitudes para dirigir o seguir a otras personas con eficacia y la capacidad de mediar. Si nos detenemos por unos instantes a analizar estas facetas, nos damos cuenta que desarrollarlas y ponerlas en práctica es clave para la construcción de relaciones armónicas.

Incluso, podemos señalar que tanto la inteligencia interpersonal como la intrapersonal son determinantes en el logro de objetivos, puesto que aunque tengamos desarrollada otro tipo de inteligencia como la matemática o la kinestésica, si no desarrollamos la inteligencia interpersonal para vincularnos con los otros en los distintos ámbitos en los que nos desenvolvemos, ya sea en el laboral o personal, el proceso para alcanzar nuestras metas será más complicado.

De ahí la importancia de cultivar esta inteligencia, que sin lugar a duda, podríamos decir es punto clave para desarrollar habilidades como la empatía.

 

Fuente: Howard Gardner, Mentes flexibles, Ed. Paidós, México, 2005