Las emociones son energía, es así como nos lo han transmitido las culturas orientales.  Este conocimiento es muy poderoso, porque si aprendemos a observarlas con desapego, surgen y desaparecen como todo lo que existe en el universo.

Pero, ¿qué pasa cuando nos apegamos a nuestras emociones?. Cuando esto sucede y las tejemos a nuestra historia personal como si fueran parte de nosotros impedimos que se diluyan y desaparezcan.

Esto no significa que no sintamos o vivamos experiencias fuertes, dolorosas o trágicas, significa que tenemos que aprender a separarnos de lo que sentimos y pensamos, ya que son tanto las emociones, como las historias que construimos alrededor de nuestras experiencias lo que nos impide observarlas con una mirada objetiva, dificultando liberar esa energía que se queda guardada en nuestro interior.