“Un libro cerrado es fuente de placer en potencia”

Anónimo

 

Estudios y experiencias de educadores han demostrado que el momento idóneo para acercarse a los libros es la niñez. Por lo mismo, es una premisa que el niño se encuentre de manera cotidiana con libros y con gente leyendo, lo que podría comenzar a formar un hábito que duraría toda la vida.

Desde la temprana infancia, es recomendable despertar una sensibilización que permita descubrir el placer que puede proporcionar un libro.

No hay que pensar que la mejor literatura (las obras maestras) es idónea para motivar al niño a acercarse a los libros; antes debemos analizar si el libro responde a los intereses auténticos del niño.

El niño se acercará a los libros o textos que pueda comprender, que le hagan gozar y que y le permitan reflexionar (Montserrat Sarto, 1986).  Ayudemos a los niños a descubrir en los libros cuanto hay de bueno en ellos; a orientarlos hacia el camino de la lectura placentera. Recordemos que la facultad lectora no es innata a la naturaleza humana; un lector no nace, se hace.

 

A continuación, comparto sugerencias –surgidas de la práctica y experiencia a nivel mundial de padres de familia, maestros e impulsores de la lectura – para que niños de cualquier edad se acerquen con gusto a los libros:

  • Los niños más pequeños disfrutan, sobre todo, libros con rimas, repeticiones y predecibles; así como libros ilustrados y con palabras simples.
  • Los niños son quienes deben escoger libros tan pronto como ellos comiencen a tener sus propias preferencias e intereses.
  • Lleve al niño a la sección infantil de la librería o biblioteca más cercana de su colonia o barrio. Un librero o bibliotecario puede ser una buena fuente de recomendaciones. Y permita que allí el niño elija libros.
  • Descubra los intereses del niño, y ayúdelo a elegir los libros de acuerdo a sus propios gustos. Desde libros de dinosaurios hasta de baile. La mayoría de los niños prefieren libros graciosos, divertidos.
  • Pregunte a amigos, familia y maestros cuáles libros han disfrutado sus respectivos niños o alumnos; haga intercambios de libros.
  • Si al niño no le agrada un libro que están leyendo juntos, descártelo; leer es un momento de placer, no de obligación ni pelea.
  • Una y otra vez, los niños podrían querer el mismo libro, aunque el adulto piense que ya no es adecuado para su edad. Que el niño lea ese libro tantas veces como lo desee.
  • Revisar las listas o guías de libros de diferentes organizaciones literarias o de fomento a la lectura, ya que generalmente tienen buenas recomendaciones según la etapa lectora del niño. Por ejemplo: A Leer/IBBY México, Libros del Rincón, de la Secretaría de Educación Pública; o guías de casa editoriales, como Alfaguara, Ediciones SM y el Fondo de Cultura Económica.
  • El adulto ha de buscar libros que le gustaría leer en voz alta. El disfrute del adulto brillará y será contagioso al niño.
  • Diviértase leyendo. Enseñe al niño la alegría de la lectura y cómo esta actividad es una ventana a un flamante mundo nuevo. Compartan el mismo libro; y, a partir de lo leído, intercambien ideas y reflexiones, discutan y dialoguen.
  • Si el niño tiene un libro favorito, es probable que disfrute otros libros del mismo autor.
  • Seleccione historias que ofrezcan nuevas experiencias, tales como cuentos clásicos de otras regiones, mitologías, o libros sobre diferentes países y culturas.
  • Para niños que ya comenzaron a leer, seleccione una variedad de textos: libros que pueda leer junto con un adulto; libros que pueda escuchar de un adulto; libros que el niño pueda leer al adulto.
  • Motive al niño a probar con diferentes tipos de libros o textos, tales como de misterio, conocimiento, cómics, informativos, recetas de cocina, biografías y otros que no sólo sean relatos o novelas.
  • Ofrezca al niño libros sobre eventos que tengan que ver con su propia vida (nuevo hermano, mudanza, pérdida); le ayudarán a afrontar miedos y sentimientos.