En el campo del autoconocimiento nada hay más valioso que el otro, los otros como espejo y reflejo de nuestra propia persona, pues es en el diálogo, en el encuentro, en el trato y en las relaciones humanas que nos conocemos a nosotros mismos, que tenemos la oportunidad de descubrir quiénes somos, cómo somos, qué nos gusta, qué pensamos, cuáles son nuestros valores, etc.

Escuchar y observar las capacidades, los talentos, las ideas; y diferenciar las actitudes y formas de comportamiento, experiencias y emociones de los demás, amplía el campo de conocimiento de uno mismo.

Así por ejemplo, al conocer y analizar los hábitos y costumbres de culturas o familias de tiempos y lugares diversos, comprendemos el valor y el sentido de unos y otros en su contexto, valorando y reconociendo lo propio y particular. Y de esta forma ampliamos nuestra visión de mundo.