Los seres humanos reaccionamos de manera individual ante las manifestaciones artísticas, y estas tienen muchas aplicaciones para la educación emocional. El arte nos enseña, entre otras cosas, a  emocionarnos y disfrutar de ello, lo cual motiva nuestra necesidad de aprendizaje. Es posible estimular nuestras experiencias positivas a través de la contemplación estética, ya que nos provoca sensibilidad, pensamientos y estados de ánimo.

Podemos decir que el arte es una interpretación emocional de la vida y de las diferentes emociones que nos provoca el mundo.